Decidid vosotros

En un futuro no muy lejano, la humanidad está en el cenit de su progreso tecnológico, pero se enfrenta a un grave problema…

En un hemiciclo gigante se disponen en la tribuna presidencial tres jueces humanos. El resto de los asientos de la cámara están ocupados por diversos animales en cuyos rostros se aprecian diferentes emociones humanas.

—Buenas días a todos —dijo la mujer que estaba en medio mientras se ponía en pie—. Soy la jueza suprema. Necesito toda su atención. La Tierra, nuestro planeta, en breve dejará de ser habitable. La humanidad lleva tiempo mudándose a sus colonias fuera del planeta. Sin embargo, debido a la limitación del espacio y al coste de los viajes interplanetarios, no todo lo que hay en la Tierra va a poder ser salvado. Esto incluye tanto bienes materiales… como animales. Es decir, ustedes. Si bien su código genético será salvaguardado, su integridad física depende de la reunión de hoy.

Una cacofonía de voces de protesta se hace oír en la cámara. La jueza principal restalló el mazo para imponer orden.

—Como decía, tenemos que elegir qué animales nos acompañarán en este viaje... y cuáles no. Por tanto —aquí su voz adquirió un tono monocorde y burocrático—, atendiendo a la protección gubernamental sobre la identidad de las formas de vida, los códigos de salvaguarda de los animales y la ampliación de los derechos individuales y colectivos… se ha decido otorgar inteligencia a un representante de cada especie animal reseñable, para que defienda su caso y argumente en favor de salvar a todos sus congéneres. Todos ustedes gozarán de la capacidad de hablar y razonar como seres humanos durante 24 horas. Les recomiendo que lo utilicen juiciosamente y hablen por turnos —Sus palabras se vieron acompañadas de vivas expresiones de incredulidad—. Podemos empezar.

La gata se alzó y habló la primera.

No concibo que nosotros los gatos no seamos salvados. Hacemos compañía a los seres humanos y les damos afecto y apoyo. En la antigüedad hasta fuimos dioses.

Tonterías —repuso el perro—, ningún gato sabe lo que es el afecto. Solo conocéis la servidumbre. Tratáis a los humanos como esclavos. No como los perros.

—Calumnias —contrataco la gata—, valoramos y promovemos nuestra independencia y la de nuestro humano. No creamos una insana relación de codependencia como vosotros.

—Personalmente —intervino la vaca— no sé porque alguno de ustedes debería ser salvado. No aportan alimento de ningún tipo. Nosotras aportamos la leche, muuuy importante en la alimentación humana.

—Los perros somos un plato apetecible en muchos sitios.

—Mentira. Solo os comen los vietnamitas y los surcoreanos. Los chinos no os comen desde 2020.

—Por otro lado — el chimpancé se sumó a la discusión—, muchos estudios hablan de lo perjudicial que es la leche de vaca en adultos.

—Esos estudios están financiados por el lobby de la industria de los zumos y su valor es muuuy cuestionable —respondió la vaca.

—En cualquier caso, creo que los chimpancés son primos de los humanos y deberían salvarse.

—¿Primos? —el caballo sonreía irónicamente— serán primos lejanos. De octavo grado a lo sumo. Primos que solo aparecen cuando heredas para pedirte una parte de tu plantación de bananas.  Nosotros sí que tenemos una gran relación y una historia con los humanos.

—Historia sí —asintió el mono—, en pasado. Ya solo servís para los desfiles y pasear niños de cuatro años. Nosotros somos muy útiles ahora. Somos cobayas para pruebas de laboratorio y productos cosméticos porque nos parecemos.

—Un momento. —El águila calva agitó violentamente sus alas—. La evolución es una teoría. Según el creacionismo los monos son tan primos de los humanos como el ratoncito Pérez lo es de don Arturo Pérez Reverte.

—Defender el creacionismo no es de animales civilizados. —El cerdo acompaño su sentencia con un gesto despectivo.

—¿Tú hablassss de evolución? ¿Millonesss de años de evolución para revolcarte en el barro? —El tono sutil de la serpiente se coló en cada rincón de la tribuna.

El puerco asomó su pantorrilla por encima de su asiento.

 —Si, mucho barro, pero seguro que le darías un buen mordisco a esta pata bien torneada.

—¡Si tienes las pezuñas negras! —acusó la paloma.

—¡Eso es un símbolo de distinción!

—Eso dices tú. Yo digo que es roña.

—Roña la que dejas tu por toda la ciudad.

—Yo soy el símbolo de la paz.

—Tu solo estás en paz con los túneles de lavado —intervino sarcásticamente el salmón.

—Bueno —carraspeó el oso—, por lo menos no saltan a nuestra boca abierta para que nos los comamos.

—Vete a robar cestas de picnic a los domingueros.

Uno de los jueces intentó reconducir la conversación.

—A ver salmón, ¿vosotros deberíais ser salvados?

—Depende. Si me vas a meter en un cohete con noruegos no me interesa.

El juez puso los ojos en blanco.

Entonces intervino el búho, que no había dicho una palabra.

—Yo prefiero que nos eliminéis.

—¿Cómo dices? —dijeron los jueces con incredulidad.

—Para verme reducido a esto, prefiero morir.

—¿¿Por qué??

—Porque nos habéis dado inteligencia humana… pero, ¿Para qué? Mirad en lo que nos hemos convertido. Animales que miden su valor en función de si experimentan con ellos o si son un manjar. Todo supeditado al servicio de los seres humanos. Es patético. —El resto de animales empezó a bajar la cabeza, humillados—. ¿Por qué nuestra existencia depende de nuestra utilidad hacia la humanidad? A mi todo esto me parece, valga la ironía, inhumano.

El búho voló hacia la puerta, se paró ahí y habló por última vez.

—Proteger a los seres vivos tiene valor intrínseco en sí mismo. Querer cuantificar el valor de cada criatura os hace destruir los derechos que creéis salvaguardar. Cualquier animal preferirá morir con dignidad que vivir humillado. Nos habéis dado voz para aliviar vuestras conciencias. No os daré ese privilegio. Tomad vosotros la decisión… y asumid las consecuencias.

Y uno a uno todos los animales abandonaron la sala. Dejando a los jueces en un ominoso silencio.


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